Macroeconomía
Inflación en Uruguay: ¿por qué baja el índice pero el supermercado no lo parece?
El IPC cayó tres décimas en el último trimestre, pero los precios de los alimentos básicos siguen subiendo. Entendé por qué.
El Índice de Precios al Consumo que publica el INE es un promedio ponderado de cientos de bienes y servicios agrupados en canastas. Cuando el número baja, significa que el promedio de esos precios sube menos rápido que antes — no que los precios en sí hayan bajado. Esa distinción parece técnica pero cambia todo: una inflación del 5 % anual sigue siendo subida de precios, solo que más lenta que la del año anterior. El problema concreto es que las ponderaciones de la canasta no coinciden con el gasto real de todos los hogares por igual. Los alimentos tienen un peso del 28 % en la canasta del IPC general, pero para los hogares del quintil de ingresos más bajo ese porcentaje supera el 45 %. Si los alimentos suben más que el promedio de la canasta, los sectores de menores ingresos experimentan una inflación efectiva mayor a la que reporta el índice oficial. En el último trimestre publicado, los alimentos y bebidas no alcohólicas acumularon una suba del 6,8 % anual, mientras el IPC general registró 5,1 %. Esa brecha de 1,7 puntos porcentuales es pequeña en términos absolutos pero relevante para quienes destinan la mayor parte de su ingreso a comida. Adicionalmente, la percepción de inflación está sesgada hacia los bienes que compramos con mayor frecuencia. Si el precio de la nafta baja pero el kilo de arroz sube, lo que recordás es la suba del arroz porque vas al supermercado tres veces por semana y a la estación de servicio una vez por mes. Los economistas llaman a esto «inflación percibida» y es sistemáticamente mayor a la inflación medida. No significa que el INE esté equivocado: significa que mide algo diferente a lo que cada persona vive en su bolsillo.
